¿TRABAJAR DE NOCHE PUEDE SER CANCERÍGENO? LA CIENCIA ALERTA

El trabajo nocturno dejó de ser visto únicamente como una incomodidad laboral. La evidencia científica acumulada indica que alterar de forma crónica el reloj biológico puede afectar procesos hormonales, metabólicos y celulares. El Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC), organismo especializado de la OMS, clasifica el trabajo en turno nocturno como “probablemente carcinógeno para los seres humanos” —Grupo 2A—. Esto no significa que toda persona que trabaje de noche desarrollará cáncer, sino que la exposición constituye un peligro carcinogénico que merece atención preventiva.

CONTEXTO CIENTÍFICO E INSTITUCIONAL

Los expertos encontraron evidencia limitada en humanos para cáncer de mama, próstata, colon y recto, evidencia suficiente en animales de experimentación y evidencia mecanística sólida. La alteración de los ritmos circadianos constituye uno de los efectos biológicos centrales de trabajar durante las horas habitualmente reservadas al sueño.

La agencia francesa Anses también ha advertido sobre estos riesgos. Considera comprobados los efectos sobre el sueño, la somnolencia y el síndrome metabólico, y probables los relacionados con determinados cánceres, la salud mental, la obesidad, la diabetes tipo 2 y las enfermedades coronarias.

En 2026, sin embargo, el debate científico dio un salto judicial. El Tribunal Administrativo de Marsella anuló la negativa del Centro Hospitalario de Martigues a reconocer como imputable al servicio el cáncer de mama de una enfermera. La trabajadora había realizado casi 25 años de actividad exclusivamente nocturna, con una media aproximada de 140 noches al año. El cáncer fue diagnosticado en 2014 y, según el tribunal, otros factores de riesgo conocidos eran débiles o estaban ausentes.

UN FALLO QUE SACUDE LA SALUD LABORAL

La sentencia, dictada el 3 de marzo de 2026, concluyó que existía una probabilidad suficientemente elevada de un vínculo directo entre la enfermedad y las condiciones laborales, y ordenó al hospital reconocer su imputabilidad al servicio.

El alcance debe interpretarse con precisión: no convierte automáticamente el cáncer de mama de todas las trabajadoras nocturnas francesas en enfermedad profesional. Se trata de una resolución sustentada en las circunstancias individuales y la evidencia pericial del caso. Aun así, constituye una referencia judicial de enorme interés para la salud ocupacional. El hospital de Martigues presentó posteriormente una apelación, por lo que la controversia jurídica continuó abierta durante 2026.

¿QUÉ OCURRE EN EL ORGANISMO?

El cuerpo funciona mediante ritmos circadianos cercanos a 24 horas, sincronizados principalmente por la luz. Trabajar de noche puede desplazar esos ritmos, modificar la secreción de melatonina y alterar sistemas hormonales, inmunitarios y metabólicos.

La hipótesis carcinogénica es más compleja que una simple “falta de melatonina”. La investigación estudia mecanismos como la alteración de los denominados genes reloj —CLOCK, PER y CRY—, cambios hormonales, estrés oxidativo, inflamación y posibles interferencias en los mecanismos de reparación del ADN y control del ciclo celular. Es precisamente esta combinación de desajustes biológicos sostenidos la que mantiene encendidas las alarmas científicas.

En cáncer de mama, un análisis internacional publicado en 2018 encontró un incremento del riesgo especialmente entre mujeres premenopáusicas. El Inserm destacó que la asociación parecía más marcada entre quienes habían trabajado más de dos noches por semana durante más de diez años. Son incrementos de riesgo poblacional y no una relación automática de causa y efecto para cada trabajadora.

MÁS ALLÁ DEL CÁNCER: CORAZÓN, METABOLISMO Y SALUD MENTAL

Los efectos potenciales tampoco terminan en los tumores. Una revisión sistemática publicada en BMJ encontró que el trabajo por turnos se asociaba con un riesgo relativo aproximadamente 23 % mayor de infarto de miocardio. Para la diabetes tipo 2, metaanálisis posteriores han encontrado incrementos más moderados, cercanos al 10 %, aunque las cifras varían según duración, frecuencia y patrón de turnos.

La alteración repetida del sueño también puede afectar la presión arterial, el metabolismo de la glucosa, el apetito y el peso corporal. Revisiones científicas han relacionado, además, el trabajo por turnos con una mayor presencia de síntomas depresivos y deterioro de la salud mental.

UN PROBLEMA QUE YA NO PUEDE SER IGNORADO

El caso francés deja una pregunta incómoda para hospitales, industrias, transporte, seguridad y demás actividades que funcionan las 24 horas: ¿hasta dónde llega la responsabilidad de una organización cuando una exposición laboral potencialmente dañina se mantiene durante décadas?

La ciencia no permite afirmar que “trabajar de noche causa cáncer” inevitablemente. Pero tampoco permite reducir el problema a simple cansancio. La clasificación de la IARC, la evidencia epidemiológica y decisiones judiciales como la de Marsella están transformando un riesgo históricamente normalizado en un asunto serio de prevención, organización de turnos, vigilancia médica y salud ocupacional.

FUENTES

  • Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC) – Monographs Volume 124: Night Shift Work.
  • Agencia Nacional de Seguridad Sanitaria de Francia (Anses) – Evaluación de riesgos sanitarios relacionados con el trabajo nocturno.
  • Tribunal Administrativo de Marsella – Decisión N.° 2202497, 3 de marzo de 2026.
  • Institut national de la santé et de la recherche médicale (Inserm) – Investigaciones sobre trabajo nocturno y cáncer de mama.
  • Cordina-Duverger et al. – Night shift work and breast cancer: a pooled analysis of population-based case-control studies, 2018.
  • Vyas et al. – Shift work and vascular events: systematic review and meta-analysis, BMJ.
  • Gao et al. – Metaanálisis sobre trabajo por turnos y diabetes tipo 2.
  • Torquati et al. – Metaanálisis sobre trabajo por turnos y salud mental.

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