
El puente Virgen de Chapi, componente principal de la vía Arequipa–La Joya, fue vendido durante años como una obra emblemática para la conectividad del sur del país. Sin embargo, lo que debía convertirse en un símbolo de desarrollo terminó acumulando dudas, retrasos, sobrecostos y observaciones técnicas que hoy lo colocan en el centro de una pregunta incómoda, pero inevitable: ¿estamos ante una de las obras públicas más caras, más demoradas y más cuestionadas de la historia del Perú?
La interrogante no nace del capricho ni del escándalo fácil. Nace de los números, de los informes y de lo que la propia ciudadanía pudo observar incluso después de su inauguración: grietas reportadas en la vía, señalización deficiente, trabajos pendientes y una sensación de improvisación que contrasta brutalmente con los más de S/171 millones invertidos.
DE S/107 MILLONES A S/171 MILLONES: EL COSTO QUE SE DISPARÓ
La obra comenzó en octubre de 2017 con un presupuesto cercano a S/107,5 millones. Pero al momento de su inauguración, el monto final reconocido oficialmente por el Gobierno Regional de Arequipa ya ascendía a aproximadamente S/171,2 millones. En otras palabras, el proyecto terminó costando más de S/63 millones adicionales respecto de su presupuesto inicial.
Ese incremento, en un país donde las obras públicas suelen prometer eficiencia y terminar justificando adendas, no es una cifra menor. Mucho menos si se considera que el puente tiene 371 metros de longitud y 21 metros de ancho. Si se toma únicamente la superficie del tablero como referencia, la inversión equivale aproximadamente a S/21.950 por metro cuadrado. Y si se observa el costo por extensión lineal, el resultado ronda los S/461 mil por cada metro de puente.Esas cifras retratan una realidad brutal: se trata de una infraestructura extraordinariamente costosa para sus dimensiones.
NUEVE AÑOS INCONCLUSO Y 25 AMPLIACIONES DE PLAZO
Si el precio escandaliza, la demora indigna. El propio Gobierno Regional ha reconocido que el puente permaneció cerca de nueve años inconcluso, atravesando problemas técnicos, administrativos y contractuales. A ello se suma un dato demoledor: durante la ejecución se registraron 25 ampliaciones de plazo.
Pocas obras públicas pueden presumir un historial tan accidentado y, al mismo tiempo, presentarse como ejemplo de gestión. El puente Arequipa–La Joya no solo tardó demasiado; además, se convirtió en un proyecto que parecía no terminar nunca, atrapado entre observaciones, paralizaciones y modificaciones.
En términos periodísticos y políticos, ese historial ya es suficiente para encender las alarmas. En términos ciudadanos, el mensaje resulta peor: una obra millonaria puede tardar casi una década y aun así llegar a su apertura rodeada de dudas.
INAUGURACIÓN CON GRIETAS Y TRABAJOS PENDIENTES
Como si los años de espera y el sobrecosto no bastaran, la inauguración no trajo tranquilidad. Medios regionales y ciudadanos reportaron grietas visibles en la carpeta asfáltica y en zonas de acceso, así como cierres temporales para trabajos posteriores al acto oficial.
Aquí conviene ser precisos: los reportes conocidos no prueban por sí mismos una falla estructural del arco principal del puente. Pero tampoco pueden minimizarse. Una obra que se inaugura entre denuncias de fisuras, trabajos incompletos, señalización insuficiente y observaciones visuales evidentes proyecta una imagen alarmante. Y en infraestructura pública, la confianza también forma parte de la seguridad.
El problema se agrava cuando las imágenes ciudadanas muestran elementos que lucen improvisados o precarios. Si una obra de semejante magnitud inaugura con dudas visibles, la pregunta ya no es solo cuánto costó, sino qué tan bien fue ejecutada y supervisada.
LA CONTRALORÍA YA HABÍA ADVERTIDO RIESGOS
Nada de esto apareció de la nada. La Contraloría General de la República emitió advertencias en distintos momentos de la ejecución. En 2022 alertó que algunos trabajos de soldadura de la estructura metálica no se realizaban conforme al expediente técnico ni al plan de inspección. Más adelante, en 2026, observó deficiencias durante el vaciado de concreto, señalando la presencia de residuos y condiciones que podían comprometer la calidad, favorecer cavidades internas, aumentar la permeabilidad y exponer el acero al riesgo de corrosión.
Además, el órgano de control advirtió la falta de estudios suficientes para resolver observaciones relacionadas con el reforzamiento del puente. Es decir, no se trataba simplemente de detalles administrativos, sino de aspectos directamente vinculados con la calidad, durabilidad y confiabilidad de la obra.
Cuando una infraestructura pública concentra observaciones de este tipo, el debate deja de ser político y pasa a ser técnico. Y cuando, pese a ello, se inaugura con cuestionamientos visibles, el debate vuelve a ser político otra vez, pero con una carga mucho más grave.
EL “TRIPLE RÉCORD NEGATIVO” QUE NADIE QUIERE EXPLICAR
El puente Arequipa–La Joya parece acercarse a un triple récord negativo: uno de los más costosos, uno de los más demorados y uno de los más cuestionados del país. Quizá algún funcionario prefiera discutir la semántica de esa afirmación, pero lo indiscutible son los hechos: S/171 millones, nueve años de historia inconclusa, 25 ampliaciones, observaciones de Contraloría y reportes de grietas al momento de la inauguración.
El Perú no necesita más monumentos al retraso ni a la sobreinversión mal explicada. Necesita obras funcionales, seguras, auditables y transparentes. Por eso, la gran deuda pendiente no es solo terminar la vía completa ni ejecutar los tramos faltantes, sino responder con documentos, peritajes y explicaciones técnicas a una ciudadanía que ya no cree en discursos triunfalistas.
Porque cuando una obra tan cara abre bajo sospecha, la pregunta no es si el puente está listo para el tránsito. La pregunta de fondo es mucho más dura: ¿cuánto más está dispuesto a tolerar el país en nombre de la “obra emblemática”?
FUENTES
- Gobierno Regional de Arequipa
- Contraloría General de la República
- Ministerio de Transportes y Comunicaciones
- El Búho
- Diario Viral
- Diario El Pueblo
- Cimolai
- Perú Construye
